Ocurrió en la primavera de este año. En un vuelo doméstico
desde Barcelona a Las Palmas de Gran Canaria, sin que aparentemente hubiera
ningún motivo que lo generara, todo se paró durante unos segundos…la luz del
sol de tarde que entraba por las ventanillas se encaprichó del interior del
avión y lo iluminó como si un director de fotografía hubiera congelado la
imagen en un fotograma perfecto para una película en rodaje; una niña rubia, de
pie en el pasillo, dejó en el aire una sonrisa eterna dirigida a su padre, que
le respondía haciéndole una graciosa mueca de cariño; todas las voces se
suavizaron al punto que acompañaban al silencio casi andando de puntillas, sin
molestar. Sentí algo bonito y extraño al mismo tiempo, y si bien no era la
primera ocasión en que me sucedía, sí que fue la vez que tuve más consciencia
de lo que estaba viviendo y durante más rato. Pasados unos segundos –creo que
fueron segundos, aunque no sabría precisar bien-, todo volvió a ser igual…o
puede que no. Lo único que se me ocurrió fue mirar disimuladamente en derredor para
ver si alguien más había percibido lo mismo que yo. Todo seguía igual. Nada
indicaba que nadie más hubiera pasado por un trance similar. Supe que debía
escribir al momento mis sensaciones, y lo hice en el móvil. Esto fue lo que
apunté:
“Hoy, 6 de abril de 2016, a las 19h40, a unos cuantos km por encima del
suelo, en un avión de la compañía Norwegian, mientras leía y escuchaba el tema
“Zanarkand” (de Final Fantasy X), aun no entendiendo muchas cosas, lo he
comprendido todo: he podido percibir que todo es UNO. Mi mente se ha calmado,
mi cerebro se ha iluminado, mi cuerpo era ligero, mis ojos se han llenado de
lágrimas…no eran lágrimas de sensibilidad, eran de emoción, de máxima
percepción de la realidad. Ha desaparecido la pena porque he sentido claramente
que TODOS somos TODO, que TODO es UNO y que UNO es SIEMPRE, ETERNO. He visto
nítidamente la no-muerte. El concepto “muero” ha perdido su sentido y su
significado y me he trasladado al ANTES y al mismo tiempo, por primera vez en
mi vida, a un AHORA de verdad. Todo ello ha durado un instante. Un instante en
el que he sido energía pura, limpia, y en el que he podido ver luz en los
demás. Me he sentido unido a todo y a todos. Uno, siempre uno.
No ha sido un momento místico, ha sido un momento extremadamente real
en el que he comprendido que somos energía, todos, y que esa energía es la
misma en todo lo que me rodea y se alimenta de la interacción con lo que la
envuelve…por eso, de repente, como un fogonazo, he visto claro que NO-SOMOS,
que en realidad nada existe y que, al mismo tiempo, esa no-existencia le da
sentido a TODO.
Vivimos en la guardería del Universo, pasamos por la Vida como niños en
un patio de colegio…nos perdemos tantas cosas!”…
*****
Fue una experiencia reveladora. Desde que tengo uso de razón
he buscado –sin ansia, pero con interés- el porqué
de las cosas, su significado, su gen motriz, su fuerza primera, su sentido, su
encaje con el resto, su conexión con mi realidad…pero en ese momento, allí,
cerca del cielo, comprendí que el secreto no es entrenar al cerebro para buscar, sino preparar el alma para saber encontrar.
Aprender a encontrar. Me like it.
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